CASI TODO BIEN

Dos semanas seguidas corriendo en Países Bajos dan que decir. Quizá me había salido más a cuenta estar toda la semana por tierras de tulipanes, pero obviamente el trabajo no me lo iba a permitir, así que tenía que hacer el viaje a Ámsterdam con motivo de mi 51° maratón lo más fugaz posible.
El viernes trabajé de mañana y por la tarde cogí un AVE a Madrid, para hacer noche cerca del aeropuerto (un gran acierto) y así  volar  a Ámsterdam a las 7:00. Ya en capital holandesa, mi check-in no lo puedo hacer antes de las 14:00, por lo que la idea de ir directamente al hostel, hacer la activación pre maratón, ducharme, Expo y turismo, se quedó en «lo que pudo ser y no fue». El cambio de planes es sencillo, ir directamente a la Expo a pasar la mañana. Me habían pedido que si podía estar en el stand del Maratón de Roma dando información del evento, y con el trato que recibo en la Cuidad Eterna y lo que quiero a Federica, no podía decir que no.

La Expo se encuentra al lado del Estadio Olímpico, a las afueras de la ciudad, exactamente en Sporthallen Zuit. El pabellón, amplio y cumpliendo mis expectativas, con una magnifica organización. Me salto la zona de entrega de dorsal y camiseta, pues nos las darán el domingo antes del briefing, así que directamente me voy a «Roma» a trabajar un poco. Allí me presento ante Stella y voy dando flyers a los corredores presentes así como enseñando el evento. Soy un fijo de Roma y las 3 vueltas en el maratón me dan esa experiencia ante el recorrido. Obviamente no sólo estoy en este stand, sino que me doy una vueltecita por los demás (hablaré más adelante de 2 trabajitos como pacer que he conseguido). En todo esto, un muchacho español se me presenta como seguidor de RRSS, charlamos y nos vamos a hacer esa activación que me/nos faltaba/n. Un placer haberte conocido Andrés!!


Ahora sí, check-in, ducha y turismo a todo trapo. Como la ciudad ya la conocía del año pasado, escojo bien dónde ir, pero aún así, el sábado mi reloj marca casi 33 kilómetros pasos andados (5 de ellos corridos). A media tarde quedo para cenar con mis queridos amigos italianos Astrid y Silvio, tras ello, paseo y a descansar.


El día A ha llegado. La alarma suena a las 6:30, aunque llevo desvelado desde las 3:00 a causa de la fortísima lluvia. Micros-sueños me hacen descansar poco y mal, los compañeros de habitación que no eran corredores llegan sin demasiado cuidado a la habitación…un poco de todo, pero cuando no eres rico y duermes en hostel es a lo que te arriesgas. Desayuno de mala manera (no había comedor) y me veo obligado a coger un taxi para llegar a tiempo al briefing.
Cómo cambia todo de un maratón a otro. La semana pasada en Eindhoven (léase en la crónica anterior), todo trabas con el tema de las camisetas y dorsal; aquí todo perfecto, preparado, y listo para llegar y enfundarnos la mochila con nuestras velas. Mientras me preparo, llega un tipo con dos maletas. En el polo de este tipo: «POLAR», y en las maletas, 50 POLAR V3, para llevarlos en la carrera. Llevarlos en la carrera no significa regalar. Igualmente, me parece un detalle y una buena manera de hacer promoción de un producto top a unos corredores como nosotros que necesitamos controlar el ritmo al dedillo.
A las 8:20, briefing y foto oficial.


Bajamos a la planta baja y nos paramos a contemplar la cantidad de agua que está cayendo. Una tromba que a cualquiera se le quitan las ganas de correr. Una temperatura de 8 grados con sensación térmica de 5, y un molesto viento que aumentaría con el paso de la mañana, nos van a poner en nuestro sitio a todos, pero que a lo que a mí me respecta, me lo va a dificultar un poco. Subo a por un plástico a mi mochila y salimos a la calle hacia la zona de salida.
Ahora es cuando tengo que hacer un punto y a parte, y hablar del grandísimo fallo de la organización. Hasta ahora, siempre se había salido desde el tartán del Estadio Olímpico, pero según fuentes fiables, han querido vender (y lo han hecho con creces) más dorsales que otros años, por lo que teniendo en cuenta que no íbamos a entrar todos, han coordinado dos salidas: una dentro y otra fuera del estadio. Eso sí, coordinado muy mal, ya que en teoría tras la salida simultánea, nos juntaríamos sobre el kilómetro 1, recorriendo el mismo espacio. El garrafal problema es que la salida in-side ha sido a las 9:00 y la salida out-side a las 9:02. Creo que a fecha de hoy nadie sabe el porqué. Esto, a lo que a mí me respecta, hace que adelante (y todo mi grupo) a corredores que van muy por debajo de mi ritmo constante. Hace que no coincida con los otros dos pacers que sí salieron del Estadio, y hace que el caos en mi cabeza reine a cada punto kilométrico porque no coincide el tiempo transcurrido de mi(s) reloj(es) con el de los marcadores oficiales.

Sobre la carrera y el recorrido, para gustos, como es obvio, pero lo que yo he vivido seguro que coincide con muchos otros. Es una salida caótica, una ciudad llena de raíles del tranvía, muy mal asfaltada y con la consecuencia de grandísimas zonas de agua tras la lluvia y con muchas zonas de bordillos (andenes del tranvía). Empujones, cruces, codazos y tropezones están en cada momento, pero como ya se sabe, pongo orden enseguida para intentar evitarlo. Los avituallamientos un desastre, sólo a un lado de la calle, demasiado cortos y con voluntarios poco ágiles con el grupo tan grande que íbamos juntos. – recuerdo que está crónica como todas las demás, está basada en mi propia experiencia, y que no tiene porqué haber pasado a los demás corredores-.
El curso es otro tema, otro tema que para mí se salva. Tras dejar los aledaños del Estadio Olímpico, entramos tras unos cuantos zigzag a Vondelpark (el parque donde activé la tarde anterior), una zona verde encantadora, tras atravesarlo a lo largo, pasamos por dentro de Rijksmuseum, algo que no me esperaba y me maravilló. Hay un buen ambiente en las calles. La lluvia que amenazaba con quedarse, de momento respeta, mientras hacemos un bucle en la zona de Zuidas para volver por la misma calle en la otra dirección. Nos dirigimos al rio Amstel, y para ello nos adentramos en el bonito barrio de Rivierenbuurt, al sur de la cuidad. El rio es la clave; nos esperan cosa de 18 kilómetros por sus orillas. La previsión meteorológica decía que sobre esa parte empezaría a llover con abundancia, y no se equivocó. Mi ritmo es muy controlado, y llevo a un numero altísimo en el grupo. Al menos 150 corredores. La vía es estrecha, no entramos mas de 5 corredores de lado a lado, y nos alargamos bastante. Todo va bastante bien, ya que el viento sopla a favor. Justo antes de hacer el cambio de dirección, empieza la trompa y el viento se hace bola. Indico al grupo que se pongan todos detrás de mí y que aprovechen el rebufo. Así lo hacen, y eso me da mucha confianza en una mañana que me daba bastante respeto. Pasamos, aún estando en el Ámstel, la media maratón en 1:29:37, ahora a tirar del grupo. Lo que habíamos hecho hasta ahora, todos lo sabían hacer. El temporal nos saluda con una pequeña granizada, así como para darle un toque más de épica, pero pronto acaba. La estampa es preciosa, pues miles de corredores están a la otra orilla, un sinfín de colores fluorescentes resaltan sobre el perenne verde de la zona. Con un giro a derechas, ponemos rumbo a los barrios de Betondrop y Oost, al este de la ciudad y nos acercamos a la urbe para atravesar de nuevo el parque nombrado anteriormente. Las calles están repletas de gente. La mayoría de mis chicos y chicas ya los «eché» del grupo para que arañarán unos segundos a sus ansiadas 3 horas, y me veo con algún corredor al que las fuerzas que les faltan, se las doy yo con los ánimos que me caracterizan cuando hago de marcapasos. Alexander, uno de ellos, compañero pacer en Oslo. Y cómo no, nombrar a Oriol, compatriota que se mantuvo a mi vera durante 36 kilómetros, clavando mis zancadas, y que logró, tras 3 intentos nefastos su gloria personal bajando mas de dos minutos su objetivo.

Desde mis comienzos como maratoniano llevo diciendo que cualquier carrera que acabe dentro de una pista de atletismo, es una gran meta, y Ámsterdam no iba a ser menos. Tras un último giro a la derecha, el Estadio nos saluda y nos invita a entrar por su enorme portón. La grada frontal está hasta la bandera. Yo ya voy sólo, alzando los brazos y haciendo aspavientos con ellos para enrabietar a los espectadores. Causa efecto y el óvalo vibra. Tiempo oficial de 2h59’21».

Según llego a meta, y esto no es la primera vez que me pasa y espero que nunca haya una última, mis chicos y chicas de grupo esperándome y aplaudiéndome, para abrazarnos, chocarnos las manos, besarnos, emocionarnos… el mejor momento de todo el evento sin duda.

David, mi compañero pacer al que nunca lo vi, me espera también y me cuenta lo que ha pasado (lo que decía al principio), y esto ensucia un poco la maravillosa carrera de la mañana.

Tras las fotos oportunas, me cuelgan la medalla de mi 14º maratón del año, y 52 en mi cuenta personal. Empieza a llover fuerte y me voy hacia nuestra zona de marcapasos para así ducharme y partir hacia la Estación Central rápidamente para coger un tren a Eindhoven y el vuelo desde allí para Madrid, ya que me salía 5 veces más barato, que salir desde la propia ciudad del evento.

Hago un balance constructivo del evento ahora que escribo más calmado de lo que estaba el domingo, diciendo que el Maratón de Ámsterdam es un gran evento, con un recorrido muy bonito aunque demasiado estrecho en gran parte del curso; que te llueva es algo bastante probable. Pienso que debería ser un fijo para un maratoniano, por su atención al corredor y que el fallo que han tenido lo solventarán con seguridad para sucesivas ediciones.

Gracias infinitas a Daniel y Gerry por confiar en mí para marcar el ritmo más rápido del evento, a LevelUpSuplementación por la gestión de la suplementación deportiva, a Absotec por la siempre compañía y como siempre a quienes estaban pendientes desde sus casas.

Siguiente evento: Maratón de Venecia como pacer 2h50, que será el cuarto de los cinco del mes de octubre. A por el 52 !!!

Salud & kms