CHIPRE SIEMPRE COMPENSA !!
En noviembre de 2023 corrí el maratón de Larnaka, fue mi primera vez en Chipre y al volver a casa me propuse correr los 4 maratones que hay en el país. Sólo iba a ser cuestión de tiempo, y sinceramente no pensé que mi segunda vez fuese a ser un año y medio después; aunque realmente la verdad de Limassol es otra:
Ya he comentado en varias ocasiones que tras el maratón de Roma, viajo junto a mi amiga neoyorkina Julia para así marcar otro maratón nuevo (a poder ser). El año pasado fue La Valeta, en Malta, y este iba a ser Jerusalén. El viernes siguiente a Roma se disputaría este maratón israelí. Cuando lo hablamos Julia y yo, la situación del país era un poco delicada, pero aun con esas nos decantamos por él. Chequeé vuelos y los compré. A los pocos días de hacer esto, y ya inscrito en el maratón, recibo un correo diciendo que la carrera se aplaza dos semanas más tarde. Resultado: pérdida de vuelos y dorsal (nunca gasto en seguros) exactamente 480€.
Comienzo a chequear los vuelos. Inesperadamente, encuentro vuelos desde Madrid, vía Milán muy económicos (85€). Tras comprarlos, y sabiendo que estáré allí para el fin de semana del 23 de marzo, contacta conmigo mi amigo londinense Paul, comentándome que él es el organizador de pacers. No hay vuelta a atrás.
Chipre no está precisamente cerca. Esto significa que tengo que gastar días de vacaciones para poder desplazarme allí sin demasiado estrés, por lo que mi viaje comienza el viernes a primera hora llegando allí a última de la noche. Alquilo un coche y nos vamos hacia Limassol, una maravillosa ciudad a unos 70 kilómetros del aeropuerto. Primer reto, conducir por la izquierda (primera vez).
La oferta hotelera es muy amplia, pero los precios no son demasiados competitivos. Me hospedo junto a Julia en Park Beach, en pleno malecón, un bonito hotel con todos los servicios para disfrutar de unas buenas vacaciones, aunque ese no es mi final.
Estoy inscrito en el 5k Corporativo del sábado. Una perfecta activación para lo que se presenta el domingo. Tengo mi dorsal reservado en la carpa de información. No tengo plan de correr fuerte, pero todo cambia al colocarme el dorsal. No había tenido en cuenta el tipo de evento en el que estaba. Si bien me habían avisado que es un evento corporativo y de inclusión, yo me pensaba que podía colocarme en primera fila y dar gas si quisiera. Tras una salida increíblemente atropellada comienza mi activación a un ritmo controlado de 3’45/km. Mantengo hasta que en el giro de 180º que viene un poco más adelante comienzo a contar contrincantes y voy 15º. Tras un infinito eslalon a los transeúntes, aprieto los dientes durante los últimos 3 kilómetros a ritmo de 3’20/km para hacerme con un 7º puesto general. Un ambiente maravilloso, una temperatura mediterránea veraniega, y unas sensaciones mágicas de los que ven mis ojos. 17:37 mientras me cuelgan la medalla un poco más tarde.



De allí, y sin volver al hotel, voy a recoger mi dorsal del domingo y el kit de pacer. Pantalón, camiseta y mochila con bandera para correr a las 3h como marcapasos más rápido del evento.

Una tarde de turismo enriquecedor de la mano de mi buena amiga y vuelta al hotel a descansar.



El día L ha llegado. El maratón comienza a las 9 de la mañana, con el sol bien levantado, pero toca madrugar igualmente. A las 5:30 nos recoge un autobús en la misma puerta del hotel, y a las 6:15 tenemos la foto oficial para inmortalizar nuestro trabajo previo a la carrera. Somos 4 pacers para el maratón. Parece mentira que sólo una semana antes esa foto oficial del equipo de pacers fuese con 280 corredores y ahora sólo 4, pero eso no importa; cada evento, cada ciudad, y cada momento es único, y lo disfruto con pasión.



Me pongo el primera fila. Allí está mi amigo polaco Norbert con quien compartiré 30 kilómetros. A la hora exacta, pistoletazo de salida. El recorrido es muy fácil. Malecón y más malecón, con una primera parte más fea y aburrida por la parte industrial de la ciudad. Habiéndome estudiado tanto el recorrido como las condiciones climáticas, comento en el grupo que los 12 últimos kilómetro de recta tendremos ligeramente el aire en contra, y que sumado a algún que otro repecho, necesitaremos llegar a la primera media maratón con un poco de ventaja. Así lo hacemos. El grupo es muy majo, somos unos 15 corredores. Educados como pocas veces he visto, con unos puntos de avituallamiento bien colocados y con unos voluntarios con buenas directrices, pero claro está que somos los primeros que pasamos por ellos y está todo muy bien colocado. Aunque esa zona industrial de la que hablaba antes es la menos apetecible, el grupo y yo lo ponemos fácil para que se haga ameno.


Los carteles en donde se indican los kilómetros parece que están tirados al azar y me resulta sumamente complicado llevar el control de los tiempos «oficiales» de pasos, pero simplemente mantengo el ritmo con la esperanza de que en el paso de la media maratón haya un control y me ayude a calcular. No es así. Independientemente de eso, y con un estrés añadido a causa de este motivo volvemos hacia el punto de salida; nos esperan dos largas rectas y un giro de 180º mientras nos alejamos de Limassol contemplando los modernos y lujosos edificios pegados a la avenida principal de la ciudad. Comienzan los repechos, y esa ventaja que llevamos, que en algunos kilómetros es positiva, y en otros tantos es negativa se va recortando de 3 en 3 segundos. Ya por 34, el grupo se ha roto, y sólo quedamos 3 corredores y yo mientras alcanzamos a alguno que otro que las fuerzas le han fallado. Hace calor, tanto como 18 grados y el sol abrasa. Los geles y las sales son algo importante hoy, y aunque lo llevo muy controlado, no dejo de pensar si mis piernas me pesan por el maratón de Roma como pacer 2h50 de hacía sólo 7 días, los 5k fuertes del día anterior (+ 38000 pasos de turismo) o toda una semana de entrenamientos en casa subido a la cinta). Es inevitable para mí el calculo a cada paso de los carteles, pero sigue igual. En el pk37 llevo 40 segundos de ventaja, y en los dos siguientes 8 por encima. Me agobio, pero sigo. Mejor llegar un poco antes que fuera de tiempo. Veo el cartel del 40. Hacía ya varios kilómetros nos habíamos juntado con los corredores de la media maratón, y eso es una ventaja para nuestras cabezas. Ellos animam, yo animo y los metros se hacen mucho más llevaderos. Mirando el reloj, en el suelo se ve plasmado un vinilo de 500m a meta. Alzo los brazos y animo a que la gente que expectante esperan a los suyos, animen a los demás. Mi maratón 93 acaba atravesando la línea de meta con un tiempo oficial de 2:59:19
Abrazos, agradecimientos y felicidad de mis seguidores de grupo que consiguieron su objetivo, o que al menos lo intentaron y quedaron muy cerca es lo que vivo mientras me dirijo a por mi medalla. Con ella en el cuello, y tras la deleite de la zona postmeta con buena música alta, gran ambiente festivo y una agradable temperatura me voy andando al hotel (5 kilómetros) para después descansar y hacer turismo medallero.
un maratón que recordaré entre otras cosas por el ritmo cardíaco. Una media de 136ppm que le condecoran como el más bajo de todos los hechos hasta la fecha. Quizá las tiras nasales (de las que soy colaborador) o quizá mi estado de forma en estos momentos, pero el control ha sido brutal. Sorprendido y muy contento por ello.



Un evento que recomiendo por lo bonito del recorrido (mar y más mar), pero sobre todo por el fin de semana que se pasa en Chipre. Un destino maravilloso.





Lunes de vuelta a casa con parada estratégica en Larnaka y larga espera en Milán.
LARGA VIDA AL PACER !!!
Próximo evento maratoniano: maratón de MILÁN el 6 de abril con una sorpresa mágica.
SALUD & KMS