2777 AÑOS EN 42K195m
Uno de los maratones fijos en mi extenso calendario anual de maratones es, como bien doy a entender durante todo el año, Roma. Roma tiene un significado especial para mí además de ser sin duda alguna el evento más emocionante y bonito de toda Italia, pero esta edición iba a estar marcada por el agobio, la ansiedad, el estrés y más tarde liberada por la perfección de un trabajo como marcapasos de las 2h50.
El último maratón había sido Bolonia como pacer 2h55, con unas sensaciones siniguales, que me habían vuelto a dar la confianza en mí mismo. Lo tenía todo para hacer lo mismo, o al menos intentarlo en la capital italiana.
Hacía ya muchos meses que Fede se había puesto en contacto conmigo para preguntarme si volvería a Roma como liebre más rápida, y mi respuesta recuerdo que fue: » eso no se pregunta, amiga mía». Ese hueco lo tengo ganado y volver a lo que para mí es la excelencia de las organizaciones era simplemente cuestión de que llegase la fecha.
Mi viaje ha sido exprés. Últimamente soy amigo de ellos. 30 horas en Roma porque principalmente no me compensa gastar días de vacaciones en una ciudad en la que si no me equivoco he estado ya 11 veces. Cuando antes decía que este viaje iba a estar marcado por el estrés me refiero entre otras cosas a lo siguiente:
El viernes trabajé de tarde, y el sábado mi despertador sonó a las 4:00 para entrenar lo primero, y desplazarme hasta el aeropuerto de Madrid en coche. Al pasar el arco del control del aeropuerto, tenía la llave del coche en el bolsillo (siempre la dejo en la mochila tras cerrar el coche), me avisaron, y la dejé en la bandeja. Allí quedó. Me acordé de haberla dejado olvidada allí cuando ya había montado en el avión. Menuda cagada Jaimito !!!! Esto provocó una ansiedad que marcó todo el viaje (a primera hora de la tarde lo solucioné). Tras aterrizar, me voy a la Expo. Una enorme fila que tengo que respetar me aletarga mis primeras horas en Roma. Recojo mi dorsal y el de algún que otro amigo que no podía y voy a darme las vueltas de rigor por la Expo mientras se llega la hora del briefing técnico a los pacers y la presentación.


Al acabar, me voy de paseo hasta el centro, saludo a las imponentes arquitecturas una vez más, y me voy a cenar con los amigos a la zona de Temini.
El día R ha llegado. Somos 280 pacers de 80 nacionalidades. Nuestra zona de encuentro para colocarnos los globos y hacernos la foto oficial este año está a los pies del Coliseo, pero tengo que llegar hasta allí. Duermo donde otras veces, un poco alejado, pero con un bus que me dejaría bastante cerca. Digo «me dejaría» porque no lo hizo. A causa de maratón, el recorrido del autobús es otro, y cuando me bajo de él estoy exactamente a 4’8 kilómetros. Hemos quedado a las 6:15 y son las 6:20. Cargado con mi mochila de viaje echo a correr hasta el Coliseo. Digamos que un buen calentamiento. Llego, y están todos preparados. Quieren saludarme pero tengo que apañarme yo. Una vez hecho, todo es una fiesta para mí. Tras las fotos oficiales y todo lo bonito de esto, las amistades, entro al primer cajón del 30º aniversario del Maratón de Roma.




Hasta las 8:15 no salimos pero el tiempo de espera se ve animada por una dj que hace temblar las paredes del Coliseo. La temperatura es muy agradable, y el cielo está completamente despejado.
Pistoletazo de salida a la hora exacta. Mi gran amigo Pepe Minicci y un servidor somos los encargados de las 2h50. Con el imponente Coliseo a nuestras espaldas vamos directamente hacia la Plaza Venecia en una perfecta salida, sin atropellos ni cruces. Todo apunta a que va a ser una gran mañana y desde el primer momento lo hacemos ver al grupo. Pasos de los kilómetros al segundo y splits de 5k con una ventaja constante de entre 5 y 8 segundos. El grupo agradece nuestra labor a cada «cante kilométrico». Como siempre, primera parte del recorrido algo más aburrida, pero pronto empieza el espectáculo arquitectónico. Kilómetro 10 y pegamos al rio Tevere hasta el 16’5 que la recorremos por la Via della Conciliazione, punto sin duda de encuentro de muchos acompañantes. Presenciar a San Pedro del Vaticano mientras toda la calle es tuya es algo comparable a muy pocas cosas. giro a la derecha y pasamos por detrás del Castillo San Ángelo.

En ese momento, evalúo como está mi estado físico y me doy cuenta que tendré que echar mano de los geles para llagar a los últimos kilómetros en perfectas condiciones. El tema de las cápsulas de sales, como ya pasó en Bolonia 2 semanas antes, las perdí antes de comenzar la carrera (he de cambiar el sistema), por lo que en los avituallamientos, perfectos en todos los sentidos por cierto, me centraba más en bebidas isotónicas que en el propio agua.
Paso de la media maratón en un tiempo oficial de 1:24:38, o sea, 22 segundos de ventaja. Una ventaja que no nos iba a venir nada mal, ya que más o menos en ese momento comienza a levantarse el viento. Un viento muy molesto si llevas dos globos de un tamaño interesante que no hacen más que lastrar. Kilómetro 26 y el grupo sigue intacto para volver a recorrer al lado del rio, pero esta vez mientras nos acercamos al Estadio Olímpico. Ya el año pasado no se recorrió la subida del pk28 y eso es de agradecer; y además, este año, una vuelta casi completa al Estadio de Mármol, aledaño al Olímpico hacen de unos 400 medros la delicia de quienes nos hemos adentrado en este precioso evento. Boquiabiertos lo dejamos atrás para seguir hacia la que para mí es la mejor parte del maratón, en donde hay más animación, y en la que si tienes la mirada bien al frente, puedes contemplar la Ciudad Eterna en todo su esplendor como en el paso del 37 en donde atravesamos la plaza del Popolo, marcada por el comienzo de una fuerte lluvia. El viento es más racheado, y el agua que cae entorpece la zancada. Algunos integrantes del grupo hay quedado atrás y los que nos persiguen, les decimos que ese pongan detrás nuestro. Pepe y yo marcando la punta de flecha para facilitar el curso a los demás. Plaza España y los sampetrinis son una peligrosa pista de patinaje, por que el obligatorio estar mucho más atento a la calzada, y tomar las curvas con el mayor de los cuidados.

Kilómetro 40. Es momento de animar a los que están con fuerzas para que arañen unos segundos. Deja de llover pero el desgaste ha sido grande. Miro a Pepe y le digo que un poco más, que vamos justos después de haber perdido 4 segundos en dos kilómetros consecutivos. Este año, y por primera vez desde que me dejo caer por este maratón, la línea de salida es otra; el Circo Massimo nos va a ver entrar en meta después de una fiesta de 42k y pico, pero para ello, hay que sacar fuerzas de la recamara y subir una pendiente de 300 metros para dejarnos caer por el tartán «plantado» para esta hermosa ocasión. Agarro la mano de Pepe, nos miramos y cruzamos la línea de meta en unas inmejorables 2:49:51 de tiempo oficial.


Una meta apoteósica en un entorno inigualable en una mañana increíblemente bonita mientras miles de corredores buscan su sueño. Voy a por la ansiada medalla, una que sin duda va directamente a mi top5 de todas las que tengo. Roma lo sabe hacer, sin fallos (desde mi perspectiva), una Expo bien organizada, un recorrido inigualable, y a lo que a mí respecta, con el equipo de pacers mas grande e increíble que hay en todo el mundo. Un evento que con el estado de salud de El Papa durante los días previos corría peligro y que a mí me hizo pensar en la cancelación. Nunca sabremos lo que habría pasado.
Algunos datos:
- 92º maratón total
- 51º maratón pacer
- 25º maratón italiano
- 5º maratón de Roma




El viaje maratoniano que empezó de aquella manera y acabo de las mejores posibles. Muchas gracias a todos por el cariño; a Fede por hacerme un hueco de nuevo, a todo el equipo organizativo y al evento en general. A Pepe por todo y a los que estáis en casa pendientes de estás historias que hago.

LARGA VIDA AL PACER !!!
Próximo evento maratoniano: maratón de LIMASSOL como pacer 3h el 23 de marzo.
SALUD & KMS