EL MARATÓN DE LOS 2 TUNELES ME HA VISTO VENCER !!!
El maratón de los 2 túneles en Bath, Reino Unido, me ha visto vencer con holgura por sus hermosos paisajes la mañana del domingo 17 de agosto. Como dije en la crónica de mi anterior 42k, los maratones de pleno verano tienen doble dificultad de organización. Por un lado el precio de los vuelos suele dispararse a casi cualquier lugar de Europa, mucho más aún si lo pretendes hacer en el puente de La Virgen, y por otro lado, normalmente hay que buscarlos al norte del continente.
Hacía 3 meses encontré este evento. Me sedujo al momento, y me puse manos a la obra para la organización. Buscando la manera de ir, tengo vuelos de ida y vuelta a y desde Bistrol (a 15 kilometros de Bath) por poco menos de 100€ desde Madrid. Todo perfecto para pasar un buen fin de semana largo. En esta ocasión, como ya pasó el año pasado en las mismas fechas en Turku (Finlandia), se une mi hermano al viaje. Todo perfecto, aunque Bath, la verdad sea dicha, es real y excesivamente cara.
El último vuelo del día del jueves nos pone en tierras inglesas a la 1 de la madrugada hora local, y con 50 minutos más de taxi, llegamos al hotel en el centro de Bath. Viernes por la mañana freetour y por la tarde visita a los baños romanos que dan nombre a la ciudad. Absoluta maravilla.



El sábado, turismo por la mañana y por la tarde excursión a Stonehenge, una tarea en la lista de las cosas pendientes por hacer que iba a cumplir en el que para mi ha sido mi noveno viaje a Reino Unido.



El día B ha llegado. El dorsal se recoge el mismo día en la zona de salida y meta en la gigantesca explanada de Park Brickfields. Este parque está como a media hora andando desde el centro de la ciudad y 8 minutos en Uber. La recogida es rápida y eficaz. El ambiente es bueno. Hay varias distancias, con salidas escalonadas. Los 50k salieron a las 8:30 de la mañana mientras que nosotros saldremos a las 10:00 (21k, 10k y 5k, algo más tarde).
Me apaño con los últimos retoques de outfit y busco el arco de salida. Somos 450 corredores de los 42k, y como está pasando últimamente, me coloco en primera línea de salida. Tras unos últimos apuntes del speaker, suena el pistoletazo de salida de mi 104º maratón a la hora exacta.

Había mirado de reojo a los corredores de mi vera, y el examen visual no me preocupaba mucho. Salgo a ritmo vivo con otro maratoniano, pero a los 400m baja el ritmo y me quedo sólo. Desde el kilómetro 0’4 del maratón, en solitario. Eso es duro. Y más aún si ni siquiera hay una bicicleta que acompañe a la cabeza de carrera. Todo tiene un por qué !!
Según salimos de ese enorme área de partida, nos topamos con unos escalones irregulares para salvar 15 metros de desnivel. Ahí, con toda normalidad, llegamos a un camino asfaltado, cubierto por los frondosos árboles. Hace calor, pero nada comparado con cómo hará unas horas después. Justo en este tramo hay sombra, pero poco iba durar. Seguimos por ese camino, ya con menos arboleda, hasta que llegamos al primero de los túneles que dan nombre al evento. Más bien corto, me deja con las ganas de más. 500 metros que casi me dan tiempo a saborearlo. El ritmo, pese a lo irregular de la ruta es muy alto, pero cómodo a la vez (entre 3’15 y 3’40). Kilómetros 4 y 5, ahora sí. El TÚNEL. El túnel en mayúsculas porque los 2 kilómetros de longitud te hacen subir el pulso, te emocionan, te recuerdan por qué elegiste estar ahí esa mañana. A oscuras, y con una escasa iluminación de puntos de luz cada 15 metros, el suelo mojado de la enorme humedad, un frío que recordaré durante todo el maratón bajando probablemente hasta los 10 grados; todo esto con un perfil ligeramente favorable, y que sin pensarlo demasiado me dejo caer. Me dejo llevar como pocas veces hago, y recorro parte de ese túnel a ritmo de 2’50/km.
Salir de ahí y ver la luz es como una sensación de liberación mágica. Respirar aire puro, sin esa corriente que me estaba dejando helado, sin presión en los oídos, sin el claqueteo de las zapatillas en el asfalto húmedo, pero con la realidad de los 20 sofocantes grados que hay. Tras esta «triunfal» salida, y unos metros más adelante, los voluntarios debidamente colocados me indican mi camino del maratón atravesando una verja vertical (esas que suele haber en los campos para el paso único de personas en las que entras en un semicírculo, abres una «puerta» y sales de ese semicírculo), justo ahí, 80 escalones hacia abajo, irregulares, y de tierra para llegar a una carretera que da acceso a las casas de la zona por un constante sube y baja con el espeso bosque a cada lado. Realmente precioso. Ahora, toca canal. Canal que me recuerda durante los próximos 9 kilómetros a mi patio de recreo; a mi Canal de Castilla. Éste es el Kennet and Avon Canal, y aunque es un calco, está lleno de embarcaciones-vivienda cada una decorada de una manera peculiar. Quizá por ser lo que fue, no se me hizo pesado ese recorrido antes de llegar al rio principal de la ciudad, el Avon, que recorro durante los kilómetros 18 a 20. Una vez fuera de éste, y por primera vez, dentro de la ciudad, llegamos de nuevo al punto de salida, con algún que otro problemilla con el tráfico.
Paso de la media maratón, con algún contratiempo que otro y comienza un calco de lo anterior pero sin presión alguna, ya que en el pk17, se hace un ida y vuelta de 600m y no vi al segundo corredor del maratón. Con el asombro de las escaleras me pongo a contarlas y salen 135 por vuelta.

La segunda vuelta me la tomo con mucha más calma. Los primero 21k lo había pasado en algo menos de 1h20, y no era cuestión ni de mejorarlo ni de igualarlo, sino de mantener un buen ritmo para acabar en la misma posición en la que estaba, sin demasiado desgaste dado el complicado circuito, y con la menor deshidratación posible, cosa que era realmente complicado con los 24 grados que ya hacían. Desde mi 25k, justo al comenzar el tunel grande por segunda vez, comienzo a adelantar a corredores de la media maratón, y eso pues siempre viene bien. Un plus el toparme con gente, algo que no había hecho hasta ahora en la carrera.
Acortando explicaciones, y ya en el 41, con una fuerte subida para llegar a Park Brickfields, línea de meta al fondo. Línea de meta de mi 104 maratón. Línea de meta de mi 4º maratón con sabor a victoria de este año (12º en total). Una victoria con un tiempo de 2:49:21 en un maratón precioso y duro, único y rudimentario en algunos aspectos, pequeño y familiar en otros.


Recojo mi medalla, preciosa a simple vista, pero que un par de segundos después te das cuenta de que quien hizo el trabajo fue la IA; recuperación del esfuerzo a base de flashes, agua, coca cola, fruta, chocolate…
Sin pódium, ni trofeo, ni ceremonia, ni reconocimiento por la victoria, ni nada más que la medalla finisher, me voy al hotel a ducharme, y a acabar el maravilloso fin de semana por tierras inglesas.
Tiempo al segundo clasificado de 17 minutos de ventaja.



Próximo maratón: maratón de Vilnus (Lituania) 14 de septiembre, aunque antes, tres carreras cortas y la media maratón de Budapest.
SALUD & KMS